Consejos y trucos
En resumen
Tomarse el tiempo en la primera baza, contar las cartas, cortar por el lado corto, buscar un fit de ocho cartas y no improvisar nunca una convención: la mayoría de las manos perdidas se deben a uno de estos puntos.
Pensar antes de la primera baza del muerto
Es en la primera baza cuando se tienen más opciones. Contar las bazas ganadoras o las perdedoras antes de jugar la primera carta del muerto evita la mayoría de los contratos perdidos.
Para profundizar: El plan del declarante
Contar las cartas de un palo
Trece cartas por palo: anotando cuántas ha servido cada rival, se sabe cuándo una carta pequeña se ha convertido en la mejor.
Para profundizar: Establecer un palo
Sacar los triunfos... en el momento justo
En general, se sacan pronto los triunfos rivales para evitar los fallos. Pero si el muerto tiene que fallar perdedoras, se guardan los triunfos para esos fallos.
Para profundizar: Fallar en el muerto
Fallar por el lado corto
Fallar con la mano que tiene más triunfos no aporta ninguna baza más. Los fallos útiles se hacen en la mano corta, normalmente el muerto.
Para profundizar: Fallar en el muerto
Evitar salir bajo un as contra un palo
Salir con una carta pequeña desde A-x-x contra un contrato a palo puede regalar una baza al rey del declarante, que no la habría hecho de otro modo.
Para profundizar: La salida
Buscar primero un fit de ocho cartas
Un palo mayor de ocho cartas entre las dos manos suele ser la mejor denominación. El compañero que ha abierto de un palo mayor quinto promete cinco: tres cartas bastan para apoyarlo.
Para profundizar: Responder a la apertura
No improvisar una convención
Un Stayman o una transferencia que el compañero no conoce hace jugar un contrato absurdo. Se acuerda antes de la partida, y se juega natural en caso de duda.
Para profundizar: Stayman y transferencias
Mirar la vulnerabilidad
Una caída en zona cuesta el doble, pero una manga en zona da 500 en lugar de 300. Cambia la decisión correcta, sobre todo en las licitaciones de competición.
Para profundizar: La vulnerabilidad